13 Sep Esta es una historia única y verdadera, sorprendente y triste a la vez.
Camino a Barranquilla y escuchando música de antaño, me topé con la canción “La Miseria Humana”, famoso vallenato por la interpretación del maestro Lisandro Meza. Dicha canción la escucho desde mi niñez y nunca había podido entenderla, por la cantidad de palabras “extrañas” fuera de mi léxico. Pero esa mañana tenía todo el viaje para tratar de descifrarla, y después de 36 años de haberla escuchado cientos de veces, logre comprenderla un poco. Esa noche me sumergí en la investigación y esta es la fascinante historia.
La letra de canción es un poema de GABRIEL ESCORCIA GRAVINI, nacido en Soledad, Atlántico. En el año de 1892 y murió en esa misma ciudad, 28 años después (1920). Su vida fue corta, sufrida y muy difícil, debido a una enfermedad llamada Lepra. Descendiente de italianos, de figura delgada, alto de ojos azules y siempre vestido de blanco, Gabriel Escorcia visitaba todas las noches el cementerio, lugar donde encontraba la paz, que de día era interrumpida por el desprecio, la humillación y la burla. Recordemos que para esa época a la lepra se le consideraba contagiosa y los pacientes eran aislados en leprocomios como el de Caño del Loro en Tierrabomba (Cartagena). Sus hermanas le construyeron una habitación en el fondo del patio. Para esconderlo de la policía y el clérigo. Imagínense a un chico lleno de energía, dotado de una mente brillante, poeta de nacimiento. Sus escritos ricos de una lírica excepcional y una metáfora enriquecedora de la prosa. Verlo confinado en una pequeña habitación por la lepra desde temprana edad. Un día oyó pasar a un decimero y le entrego un poema escrito llamado “La Gran Miseria Humana”, diciéndole que lo hiciera conocer al mundo. En dicho poema expresaba el desprecio que recibió de las jóvenes de quienes se enamoró. Para sorpresa en el poema en mención no hay odio, por el contrario, hay reconciliación. En el cementerio todo somos iguales, único lugar donde se sentía bien.
Tres días después de su muerte por la lepra, sus hermanas entran al cuarto y sacan un gran canasto de mimbre y queman todos sus escritos. Solamente se salva el que le había entregado a decimero dos años antes. Y por aquellas cosas del destino, como para ser más justo con un joven talentoso pero de vida tormentosa; el poema llego a las manos del Maestro Lisandro Meza en los Palmitos (sucre) una mañana de 1975. 55 años después de la muerte de su autor. Lisandro conocedor de lo excepcional, le puso la música en el género del Son y fue un éxito rotundo.
Esta mañana me desplace al municipio de Soledad, comparto estas fotos del cementerio donde por la noches se paseaba el gran poeta para hablar con sus amigos los muertos y huir de los vivos. Solamente la tradición oral de los decimeros de la época, dieron a conocer unos cuantos poemas más de gran valor literario.
Espero les haya agradado este homenaje póstumo a ese gran poeta soledeño; GABRIEL ESCORCIA GRAVINI. Paz en su tumba.
Jaime Carpentier Ospino
Publicado en 00:05h, 01 octubreMuchas gracias excelente aporte. Deseaba leer sobre el tema en su conjunto y solo aquí lo encontré.
Eduardo Pertuz
Publicado en 14:58h, 01 febrerogracias Rosa por tu aporte.